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Peregrino ( Luis Cernuda Bidón)

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País de luz.

BANC DE LLUM

Yo quisiera quedarme en ese mundo apretado
en las paredes celestes de la infancia,
arrebujada en un aire que se disuelve con el calor del verano,
porque, no sé porqué, en la infancia siempre es verano,
siempre hay un velerito de papel y palitos navegando
en un charco de ámbar, siempre hay un bollo plateado
de papel de chocolate en el fondo de un bolsillo.

Yo quisiera caminar por los senderos ciudadanos
por ángeles guardianes, segura y preocupada solamente
por el horario de la sopa de las muñecas,
inventando nombres para llamar a las luciérnagas,
buscando las pilas que encienden a los bichos de luz,
durmiendo con un sueño de acompasada
respiración y manos apoyadas en las sábanas sin crispación,
como flores.

Allí es donde uno tiene la defensa más limpia y más cierta:
la de la ingenuidad, la de la fe.
Creer, creer en todo el mundo, abrir la pena
como un pan caliente y mostrar su humeante interior;
abrir la risa como un durazno maduro y entregar el carozo,
o la pulpa o el zumo, creyendo que a los demás
nuestra alegría les gusta, que los demás se ponen contentos
con nuestro triunfo, con nuestra felicidad.

Querer. Y sentir que querer es una margarita
a la que se le ponen los pétalos en lugar de quitárselos,
y que son unos ojos empañados de llanto
cuando la mano amiga se posa sobre el hombro
para decir estoy aquí, con vos, porque me necesitás.
Darse. Como se dan los hijos, sin especulaciones:
“porque estoy de tu parte”. “Porque me gusta ser tu amiga”.
“Porque te quiero como sos”.

A mí me asusta esa ciudad que se levanta allí.
Con laberintos de cemento y sonrisas de utilería
que se ponen en los rostros los que piden algo.

Y hablar cuando uno quiere quedarse en silencio.
Y quedarse en silencio cuando uno tiene ganas de hablar.

Y herir. Porque a veces para defenderse
la gente grande tiene que herir.
Y pasa como cuando vos, que sos chico, decías furioso:
“ojalá que se muera mi mamá
que no me quiso comprar un helado”.
Y resulta que después te pasas toda la noche despierto
y te levantás cien veces con la excusa de ir al baño
o a la cocina a tomar agua, nada mas que para ver
si respira, que no se cumplió,
que por suerte no se cumplió…

Yo te propongo una locura: que no crezcas
como parece que es conveniente crecer
en este mundo de la ciudad fantástica y totalmente aprovechable.

Que defiendas los soldaditos de plata
que la lluvia hace galopar sobre el asfalto.

Que quieras porque sí y llores toda la tarde
porque te peleaste con el amigo
con el que te vas a reconciliar mañana
lo más campante y olvidado de todo.
Porque si no te ponés fuerte y defendés esas cosas a capa
y espada, te van a ir arrancando de ese país de luz,
y sin que te des cuenta, te van a ir metiendo las sombras
que dan miedo de noche, y cuando llegues al lugar
en que miro de pie a mi alrededor, vas a querer huir,
irte de vos, refugiarte en cualquiera que sonría,
volver a huir porque hincaron los dientes
hambrientos en el pan caliente de tu pena
y en la pulpa de tu alegría y se disputan los huesos
de nácar de tu ingenuidad, la mano abierta, el asombro,
¡Ay el asombro!, ese milagro, que de repente nos resucita.
Por ejemplo:
acabo de asombrarme con un puñado de jazmines chiquitos
y blancos que se han abierto en la enredadera de mi casa.
Y han perfumado de tal manera el jardín
que me hicieron pensar en un derroche de magia.

Así que correte un poco, dejame sentar con vos en el banquito,
vamos, correte, haceme un lugarcito…,
no tengas miedo, yo todavía puedo chapotear
en tu río sin encrespar las aguas,
y morirme de risa viendo girar tu trompo,
y pasarme una tarde entera
descubriendo universos en un calidoscopio.

Yo todavía puedo usar de a ratos tu país de luz.

Andá, correte un poquito y dejame sentar con vos en el banquito.

Poldy Bird

Publicado por Elena.

23 Abril. Sant Jordi en Catalunya.

rosa-sant-jordi

El 23 Abril festividad de Sant Jordi en Catalunya se celebra el día del libro y la rosa.
La versión catalana de la leyenda cuenta que en Montblanc había un dragón que atemorizaba la población. Por sorteo decidieron que la hija del rey fuese entregada en sacrificio al dragón. No obstante, apareció Sant Jordi, un mítico caballero, que heroicamente mató al dragón con su espada y salvó a la princesa. De la sangre del dragón nacieron rosas rojas. Y es de ahí de donde proviene la tradición de regalar rosas en el día de Sant Jordi.
Aunque la tradición dice que las mujeres le regalan libros a los hombres y ellos las obsequian con rosas , últimamente esto ha cambiado y también se regalan libros a las mujeres.

Sant Jordi

Sant Jordi triunfal.

Cuando la primavera llega
las flores comienzan a vivir;
cuando la primavera se va
las flores comienzan a llorar.

Triunfal como siempre
Sant Jordi ya está aquí
para rescatar a la princesa
envuelta con jazmín.

El dragón feroz
no la quiere soltar
pero la bondad es más fuerte
y así, combate la maldad.

Las rosas le nacen
del fondo de su corazón
y así es como la salva
del feroz dragón.

La rosa es el símbolo
del amor puro y honesto
y el libro es cultura
porque nos enseña
lo que no sabemos.

La fiesta es muy bonita,
es nuestra manera de hacer
y la bandera nos indica
lo que todos queremos ser.

Montserrat Casanovas.

Publicado por Elena.

La vida es un cuaderno.

PLUMA

La vida es un cuaderno
No un “cuaderno borrador”, sino uno de clase.
No se puede borrar nada de lo que escribimos,
ni se puede escribir encima en la misma página.
Voy a usar bien este cuaderno.
No voy a dejar ningún espacio en blanco.
No pegaré hojas para terminarlo antes y saltearé
las cosas lindas por chiquitas e insignificantes que parezcan.
Porque son esas cosas chiquitas las que le dan,
en muchos momentos, valor y sentido a la vida.
Me tiembla la mano…
¿Qué pondré en el primer renglón de la primera hoja?
Una frase corta, dos palabras: “Estoy Viva”.
Estoy viva… ya vendrá lo demás.
Y pasarán cosas mientras esté viva…

Poldy Bird

Santiago.

SANTIAGO APOSTOL

Esta noche ha pasado Santiago
su camino de luz en el cielo.
Lo comentan los niños jugando
con el agua de un cauce sereno.

¿Dónde va el peregrino celeste
por el claro infinito sendero?
Va a la aurora que brilla en el fondo
en caballo blanco como el hielo.

¡Niños chicos, cantad en el prado
horadando con risas al viento!

Dice un hombre que ha visto a Santiago
en tropel con doscientos guerreros;
iban todos cubiertos de luces,
con guirnaldas de verdes luceros,
y el caballo que monta Santiago
era un astro de brillos intensos.

Dice el hombre que cuenta la historia
que en la noche dormida se oyeron
tremolar plateado de alas
que en sus ondas llevóse el silencio.

¿Qué sería que el río paróse?
Eran ángeles los caballeros.

¡Niños chicos, cantad en el prado.
horadando con risas al viento!

Es la noche de luna menguante.
¡Escuchad! ¿Qué se siente en el cielo,
que los grillos refuerzan sus cuerdas
y dan voces los perros vegueros?

Madre abuela, ¿cuál es el camino,
madre abuela, que yo no lo veo?

Mira bien y verás una cinta
de polvillo harinoso y espeso,
un borrón que parece de plata
o de nácar. ¿Lo ves?
Ya lo veo.

Madre abuela. ¿Dónde está Santiago?
Por allí marcha con su cortejo,
la cabeza llena de plumajes
y de perlas muy finas el cuerpo,
con la luna rendida a sus plantas,
con el sol escondido en el pecho.

Esta noche en la vega se escuchan
los relatos brumosos del cuento.

¡Niños chicos, cantad en el prado,
horadando con risas al viento!

Una vieja que vive muy pobre
en la parte más alta del pueblo,
que posee una rueca inservible,
una virgen y dos gatos negros,
mientras hace la ruda calceta
con sus secos y temblones dedos,
rodeada de buenas comadres
y de sucios chiquillos traviesos,
en la paz de la noche tranquila,
con las sierras perdidas en negro,
va contando con ritmos tardíos
la visión que ella tuvo en sus tiempos.

Ella vio en una noche lejana
como ésta, sin ruidos ni vientos,
el apóstol Santiago en persona,
peregrino en la tierra del cielo.

Y comadre, ¿cómo iba vestido?
le preguntan dos voces a un tiempo.

Con bordón de esmeraldas y perlas
y una túnica de terciopelo.

Cuando hubo pasado la puerta,
mis palomas sus alas tendieron,
y mi perro, que estaba dormido,
fue tras él sus pisadas lamiendo.
Era dulce el Apóstol divino,
más aún que la luna de enero.
A su paso dejó por la senda
un olor de azucena y de incienso.

Y comadre, ¿no le dijo nada?
la preguntan dos voces a un tiempo.

Al pasar me miró sonriente
y una estrella dejóme aquí dentro.

¿Dónde tienes guardada esa estrella?
la pregunta un chiquillo travieso.

¿Se ha apagado, dijéronle otros,
como cosa de un encantamiento?

No, hijos míos, la estrella relumbra,
que en el alma clavada la llevo.

¿Cómo son las estrellas aquí?
Hijo mío, igual que en el cielo.

Siga, siga la vieja comadre.
¿Dónde iba el glorioso viajero?

Se perdió por aquellas montañas
con mis blancas palomas y el perro.
Pero llena dejóme la casa
de rosales y de jazmineros,
y las uvas verdes en la parra
maduraron, y mi troje lleno
encontré la siguiente mañana.
Todo obra del Apóstol bueno.

¡Grande suerte que tuvo, comadre!
sermonean dos voces a un tiempo.

Los chiquillos están ya dormidos
y los campos en hondo silencio.

¡Niños chicos, pensad en Santiago
por los turbios caminos del sueño!

¡Noche clara, finales de julio!
¡Ha pasado Santiago en el cielo
La tristeza que tiene mi alma,

por el blanco camino la dejo,
para ver si la encuentran los niños
y en el agua la vayan hundiendo,
para ver si en la noche estrellada
a muy lejos la llevan los vientos.

(Federico García Lorca)

(Libro de Poemas, 1921)
Publicado por Elena.

Nocturno a Rosario.

llantos

Pues bien, yo necesito
decirte que te adoro,
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto,
y al grito que te imploro
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.
De noche cuando pongo
mis sienes en la almohada,
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.
Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos;
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás;
y te amo, y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.
A veces pienso en darte
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo
y mi alma no te olvida,
¡qué quieres tú que yo haga
pedazo de mi vida;
qué quieres tú que yo haga
con este corazón!
Y luego que ya estaba?
concluido el santuario,
la lámpara encendida
tu velo en el altar,
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar…
Yo quiero que tú sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías;
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías
que ya no sé ni dónde
se alzaba el porvenir.
¡Que hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo.
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos, un alma sola,
los dos, un solo pecho,
y en medio de nosotros
mi madre como un Díos!
¡Figúrate qué hermosas
las horas de la vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
mi santa prometida,
y al delirar en eso
con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por ti, no más por ti.
Bien sabe Dios que ése era
mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Dios que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!
Esa era mi esperanza…
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡adiós por la última vez,
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores,
mi mira de poeta,
mi juventud, adiós!

Manuel Acuña.

(1849-1873)
Posiblemente se trata de una leyenda que su enamoramiento de Rosario de la Peña fuera la causa de su suicidio, mediante envenenamiento con cianuro de potasio. En opinión de algunos críticos, Rosario fue solamente una razón adicional a sus problemas de pobreza extrema.
Recientemente se ha dejado claro que aunque el enamoramiento por De la Peña pudo tener lugar, la realidad era que Acuña sostenía una relación menos idealizada con una poetisa que a la postre se convirtió en una intelectual famosa: Laura Méndez de Cuenca.
Manuel Acuña Médico y poeta, nació en la ciudad de Saltillo, Coahuila, el 27 de agosto de 1849 y murió el 6 de diciembre de 1873 en su habitación de la Escuela de Medicina .

La muñeca.

Vital Aza

LA MUÑECA.

En una noche de invierno
una niña pordiosera,
con los pies casi desnudos,
con las manecitas yertas,
cubriendo, a modo de manto,
con su falda la cabeza,
y sin temor a la lluvia
que más cada vez arrecia,
contempla, extasiada y triste
el interior de una tienda,
que por su gusto en juguetes
es en Madrid la primera.

–¿Qué haces aquí? le pregunta,
con voz desabrida y seca,
un dependiente, empujando
a la niña hasta la acera.
–¡Déjeme usted! ¡Si es que estaba
mirando aquella muñeca!
–¡Vaya! Retírate pronto
y deja libre la puerta.
–¿Dígame usted. ¿Cuesta mucho?
–¿Quieres marcharte, chicuela?
–¿Será muy cara, verdad?
¡Lo que es como yo pudiera!…
–¡El demonio de la chica
¿Pues no quiere comprar ella?…
¡Lárgate a pedir limosna!
y déjate de simplezas.
La muñeca que te gusta
vale un duro, con que ¡fuera!

Marchose la pobre niña
ocultando su tristeza…
en vano pide limosna…
ninguno escucha sus quejas…
Y desfallecida y débil,
cruza calles y plazuelas
recordando en su amargura
la tentadora muñeca…

–¡Caballero, una limosna
a esta pobrecita huérfana!
–¡Déjame, que voy de prisa!
–¡Por Dios, señor! Aunque sea
un centimito… ¡Tengo hambre!…
–(¡Pobre niña! ¡Me da pena!)
Toma.

–¡Señor! ¡Si es un duro!
–Te lo doy para que puedas,
siquiera por esta noche,
tener buena cama y cena.
–¡Déjeme usted que le bese
la mano!

–Quita, tontuela.
–¡Que Dios se lo pague a usted!
¡Un duro!… ¡Estoy muy contenta!…
¿No será falso, verdad?
–¡Cómo muchacha! ¿Tú piensas?…
–No, señor… perdone usted…
Pero… ¡vamos!… la sorpresa…
¡Si voy a volverme loca
de alegría!… ¡Quién dijera!
¡Que Dios le premie en el mundo
y le dé la gloria eterna!

Y apretando entre sus manos
convulsivas la moneda,
corrió por la calle abajo
veloz como una saeta.

A la mañana siguiente
se comentaba en la prensa
el hecho de haberse hallado
en el quicio de una puerta,
¡el cadáver de una niña
abrazado a una muñeca!

Vital Aza Buylla (Pola de Lena, Asturias, 28 de abril de 1851 – Madrid, 13 de diciembre de 1912), escritor, comediógrafo, periodista, poeta y humorista español.