Archivo de la categoría: Elena

Mi metamorfosis .

viej

mariposas

Siento como se va acercando, sin ruido va dejando sus huellas en mí.
Va modificando mi cuerpo y mi organismo. Es una metamorfosis muy distinta al de la mariposa, esta se produce de forma gradual y progresiva deteriorando mi cuerpo y mi mente.
Y cuando el tiempo se convierte en un recurso escaso, las prioridades se transforman. Es por eso que quiero hacer todo lo que en mi juventud no pude por falta de tiempo.
Quiero vivir el día a día, porque cada momento es importante.
Estar con los hijos, la familia, y los amigos se ha convertido en una necesidad para mí.
Quiero conservar mi memoria para que cuando un día mire hacia atrás, tenga la certeza de que volvería a vivir la misma vida, si me dieran otra oportunidad.

Anuncios

Hoy es un buen día para vivir.

carlos-perez--agua

Hoy es un buen día para plantearnos,si realmente vivimos… o sólo respiramos….
Creo que las complicaciones que surgen en nuestra vida, son una manera de hacernos apreciar más lo que tenemos y las cosas positivas que nos han sucedido. No debemos quedarnos estancados en los momentos tristes, porque si lo hacemos, habremos fallado en la misión que tenemos todos los seres humanos. Vivir para ser felices y también para ayudar a serlo a los demás.
Hemos de tener la certeza de que si nos equivocamos, siempre podremos volver a levantarnos y hacerlo mejor.
Tengo la seguridad de que así será, aunque ahora nos enfrentemos a tantos obstáculos, hoy todo puede cambiar y no habrá nada que pueda detenernos.

FRASES DE VIDA.

No vivas solo por vivir, disfruta lo que haces y aprende a compartir para que enseñes a otros a vivir.

Vivir vale la pena, pero no todo en la vida lo vale.

El vivir es un sueño, el despertar lo mata, no despiertes, no lo mates!!

La vida es un cuento que hay que vivir en el momento.

Saluda este día con amor y al final recogerás sus frutos.

Vive y renueva a cada instante el maravilloso milagro de tu vida.

Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los “cómos”.

Tanta prisa tenemos por hacer, escribir y dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad, que olvidamos lo único realmente importante: vivir.

¡Ojalá vivas todos los días de tu vida!

El hombre que ha empezado a vivir seriamente por dentro, empieza a vivir más sencillamente por fuera.

Hay que vivir como se piensa, si no se acaba por pensar como se ha vivido.

Para triunfar en la lucha de la vida el hombre ha de tener o una gran inteligencia o un corazón de piedra.

Quien crea que su propia vida y la de sus semejantes está privada de significado no es sólo infeliz, sino que apenas es capaz de vivir.

¿Por qué contentarnos con vivir a rastras cuando sentimos el anhelo de volar?

Vale más vivir y morir de una vez, que no languidecer cada día en nuestra habitación bajo el pretexto de preservarnos.

Sólo en la actividad desearás vivir cien años.

Cuando me volví una anciana invisible…

mans vella

Ya no sé en que fecha estamos. En casa no hay calendarios y en mi memoria los hechos están hechos una maraña. Me acuerdo de aquellos calendarios grandes, unos primores, ilustrados con imágenes de los santos que colgábamos al lado del tocador. Ya no hay nada de eso. Todas las cosas antiguas han ido desapareciendo. Y yo también me fui borrando sin que nadie se diera cuenta.

Primero me cambiaron de alcoba, pues la familia creció. Después me pasaron a otra más pequeña aun acompañada de mis biznietas. Ahora ocupo el desván, el que esta en el patio de atrás. Prometieron cambiarle el vidrio roto de la ventana, pero se les olvido, y todas las noches por allí se cuela un airecito helado que aumenta mis dolores reumáticos.

Desde hace mucho tiempo tenia intención de escribir, pero me pasaba semanas buscando un lápiz. Y cuando al fin lo encontraba, yo misma volvía a olvidar donde lo había puesto. A mis años las cosas se pierden fácilmente: claro, no es una enfermedad de ellas, de las cosas, porque estoy segura de tenerlas, pero siempre se desaparecen.

La otra tarde caí en cuenta que mi voz también ha desaparecido. Cuando les hablo a mis nietos o a mis hijos no me contestan. Todos hablan sin mirarme, como si yo no estuviera con ellos, escuchando atenta lo que dicen. A veces intervengo en la conversación, segura de que lo que voy a decirles no se le ha ocurrido a ninguno, y de que les va a servir de mucho mis consejos. Pero no me oyen, no me miran, no me responden. Entonces llena de tristeza me retiro a mi cuarto antes de terminar de tomar mi taza de café. Lo hago asi, de pronto, para que comprendan que estoy enojada, para que se den cuenta que me han ofendido y vengan a buscarme y me pidan perdón….Pero nadie viene.

El otro día les dije que cuando me muera entonces sí me iban a extrañar. Mi nieto mas pequeño dijo “¿Estás viva abuela? “. Les cayó tan en gracia, que no paraban de reír. Tres días estuve llorando en mi cuarto, hasta que una mañana entro uno de los muchachos a sacar unas llantas viejas y ni los buenos días me dio. Fue entonces cuando me convencí de que soy invisible, me paro en medio de la sala para ver si aunque sea puedo ser un estorbo o que me miren, pero mi hija sigue barriendo sin tocarme, los niños corren a mi alrededor, de uno a otro lado, sin tropezarse conmigo.

Cuando mi yerno se enfermó, pensé tener la oportunidad de serle útil, le lleve un té especial que yo misma prepare. Se lo puse en la mesita y me senté a esperar que se lo tomara, solo que estaba viendo televisión y ni un parpadeo me indicó que se daba cuenta de mi presencia. El té poco a poco se fue enfriando……y mi corazón con él.

Un día se alborotaron los niños, y vinieron a decirme que al día siguiente nos iríamos todos al campo. Me puse muy contenta. ¡Hacia tanto tiempo que no salía y menos al campo!.

El sábado fui la primera en levantarme. Quise arreglar las cosas con calma. Los viejos tardamos mucho en hacer cualquier cosa, asi que me tomé mi tiempo para no retrasarlos. Al rato entraban y salían de la casa corriendo y echaban las bolsas y juguetes al auto.

Yo ya estaba lista y muy alegre, me paré en el zaguán a esperarlos. Cuando arrancaron y el auto desapareció envuelto en bullicio, comprendí que yo no estaba invitada, tal vez porque no cabía en el auto. O porque mis pasos tan lentos impedirían que todos los demás corretearan a su gusto por el bosque. Sentí clarito como mi corazón se encogía, la barbilla me temblaba como cuando uno se aguanta las ganas de llorar.

Yo los entiendo, ellos sí hacen cosas importantes. Ríen, gritan, sueñan, lloran, se abrazan, se besan. Y yo… ya no sé del sabor de los besos. Antes besuqueaba a los chiquitos, era un gusto enorme que me daba tenerlos en mis brazos, como si fueran míos. Sentía su piel tiernita y su respiración dulzona muy cerca de mí. La vida nueva se me metía como un soplo y hasta me daba por cantar canciones de cuna que nunca creí recordar.

Pero un día mi nieta, que acababa de tener un bebé dijo que no era bueno que los ancianos besaran a los niños, por cuestiones de salud. Desde entonces ya no me acerqué más a ellos, no fuera que les pasara algo malo por mis imprudencias. ¡Tengo tanto miedo de contagiarlos!

Yo los bendigo a todos y los perdono, porque….. ¿Que culpa tienen los pobres de que yo me haya vuelto invisible?….

Nocturno a Rosario.

llantos

Pues bien, yo necesito
decirte que te adoro,
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto,
y al grito que te imploro
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.
De noche cuando pongo
mis sienes en la almohada,
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.
Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos;
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás;
y te amo, y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.
A veces pienso en darte
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo
y mi alma no te olvida,
¡qué quieres tú que yo haga
pedazo de mi vida;
qué quieres tú que yo haga
con este corazón!
Y luego que ya estaba?
concluido el santuario,
la lámpara encendida
tu velo en el altar,
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar…
Yo quiero que tú sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías;
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías
que ya no sé ni dónde
se alzaba el porvenir.
¡Que hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo.
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos, un alma sola,
los dos, un solo pecho,
y en medio de nosotros
mi madre como un Díos!
¡Figúrate qué hermosas
las horas de la vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
mi santa prometida,
y al delirar en eso
con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por ti, no más por ti.
Bien sabe Dios que ése era
mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Dios que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!
Esa era mi esperanza…
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡adiós por la última vez,
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores,
mi mira de poeta,
mi juventud, adiós!

Manuel Acuña.

(1849-1873)
Posiblemente se trata de una leyenda que su enamoramiento de Rosario de la Peña fuera la causa de su suicidio, mediante envenenamiento con cianuro de potasio. En opinión de algunos críticos, Rosario fue solamente una razón adicional a sus problemas de pobreza extrema.
Recientemente se ha dejado claro que aunque el enamoramiento por De la Peña pudo tener lugar, la realidad era que Acuña sostenía una relación menos idealizada con una poetisa que a la postre se convirtió en una intelectual famosa: Laura Méndez de Cuenca.
Manuel Acuña Médico y poeta, nació en la ciudad de Saltillo, Coahuila, el 27 de agosto de 1849 y murió el 6 de diciembre de 1873 en su habitación de la Escuela de Medicina .

José y el ladrillo.

niño ladrillo

José iba en su nuevo automóvil, un gran Jaguar a mucha velocidad.

¿La razón? Llegaría tarde al trabajo si no corría.

Su automóvil Jaguar rojo brillante, era una de sus mas preciadas posesiones, cuando súbitamente… ¡Un ladrillo se estrelló en la puerta de atrás!

José frenó el auto y dio la vuelta hasta el lugar de donde el ladrillo había salido.

Se bajó del automóvil y vio a un niño sentado en el piso. Lo agarró, lo sacudió y le gritó muy enojado: ¿Qué demonios andas haciendo? ¡Te va a costar muy caro lo que le hiciste a mi auto! ¿Por qué me tiraste el ladrillo?

El niño llorando, le contestó: “Lo siento, señor, pero no sabía
qué hacer, mi hermano se cayó de su silla de ruedas y está lastimado, y no lo puedo levantar yo solo. Nadie quería detenerse a ayudarme!”

José sintió un nudo en la garganta, fue a levantar al joven, lo sentó en su silla de ruedas, y lo revisó. Vio que sus heridas eran menores, y que no estaba en peligro.

Mientras el pequeño de 7 años empujaba a su hermano en la silla
de ruedas hacia su casa, José caminó lentamente a su Jaguar,
reflexionando sobre lo que le había pasado.

Moraleja:
José nunca llevó a reparar el auto, dejó la puerta cómo estaba para recordar que no debía ir por la vida tan rápido cómo para qué alguién debía tirarle un ladrillo para llamar su atención.

La muñeca.

Vital Aza

LA MUÑECA.

En una noche de invierno
una niña pordiosera,
con los pies casi desnudos,
con las manecitas yertas,
cubriendo, a modo de manto,
con su falda la cabeza,
y sin temor a la lluvia
que más cada vez arrecia,
contempla, extasiada y triste
el interior de una tienda,
que por su gusto en juguetes
es en Madrid la primera.

–¿Qué haces aquí? le pregunta,
con voz desabrida y seca,
un dependiente, empujando
a la niña hasta la acera.
–¡Déjeme usted! ¡Si es que estaba
mirando aquella muñeca!
–¡Vaya! Retírate pronto
y deja libre la puerta.
–¿Dígame usted. ¿Cuesta mucho?
–¿Quieres marcharte, chicuela?
–¿Será muy cara, verdad?
¡Lo que es como yo pudiera!…
–¡El demonio de la chica
¿Pues no quiere comprar ella?…
¡Lárgate a pedir limosna!
y déjate de simplezas.
La muñeca que te gusta
vale un duro, con que ¡fuera!

Marchose la pobre niña
ocultando su tristeza…
en vano pide limosna…
ninguno escucha sus quejas…
Y desfallecida y débil,
cruza calles y plazuelas
recordando en su amargura
la tentadora muñeca…

–¡Caballero, una limosna
a esta pobrecita huérfana!
–¡Déjame, que voy de prisa!
–¡Por Dios, señor! Aunque sea
un centimito… ¡Tengo hambre!…
–(¡Pobre niña! ¡Me da pena!)
Toma.

–¡Señor! ¡Si es un duro!
–Te lo doy para que puedas,
siquiera por esta noche,
tener buena cama y cena.
–¡Déjeme usted que le bese
la mano!

–Quita, tontuela.
–¡Que Dios se lo pague a usted!
¡Un duro!… ¡Estoy muy contenta!…
¿No será falso, verdad?
–¡Cómo muchacha! ¿Tú piensas?…
–No, señor… perdone usted…
Pero… ¡vamos!… la sorpresa…
¡Si voy a volverme loca
de alegría!… ¡Quién dijera!
¡Que Dios le premie en el mundo
y le dé la gloria eterna!

Y apretando entre sus manos
convulsivas la moneda,
corrió por la calle abajo
veloz como una saeta.

A la mañana siguiente
se comentaba en la prensa
el hecho de haberse hallado
en el quicio de una puerta,
¡el cadáver de una niña
abrazado a una muñeca!

Vital Aza Buylla (Pola de Lena, Asturias, 28 de abril de 1851 – Madrid, 13 de diciembre de 1912), escritor, comediógrafo, periodista, poeta y humorista español.

Desilusiones.

Montserrat 011

Ya sé. Vos me dirás al leer esto que sin creer en la gente no se puede vivir, y yo también pienso lo mismo. Que a la gente hay que otorgarle un buen puntaje “de entrada”. De uno a diez: diez. Y con el tiempo se lo confirmamos o le vamos restando de a poco… un punto hoy, otro dentro de unos meses…

Lo triste es cuando se los tenemos que restar todos de golpe, en una sola vez, como el viento huracanado de la tormenta echa por tierra los frutos que estaban endulzándose en las ramas del árbol.

La desilusión es un viento sin aviso, o quizás con pequeños avisos de los que no pudimos o no quisimos darnos cuenta.

Tal vez si hubiésemos reparado en aquel gesto o en aquella palabra a los que no le dimos importancia… tal vez, tal vez.

Pero si bien no se puede vivir sin creer en la gente, es difícil y doloroso darse la cabeza contra la pared en el momento de la decepción.

Es la expresión de asombro frente a lo incomprensible. Y los ojitos de llanto. Y un interrogante ácido dibujándose en el corazón.

Es ver el revés de la trama de un tapiz de bellísimo estampado y descubrir los nudos con que se unen los hilos, ver las imperfecciones, la tosquedad, lo burdo, el matiz desteñido de alguna tintura.

Sabías… sabíamos que la vida es eso: claroscuros, perfecta sinfonía y notas desafinadas, elixir que el tiempo avinagra y verde fruta que el tiempo embellece y endulza.

Pero nos resistimos a la doble visión.

Queremos el rayo de sol, el ramito de rocío, el pétalo nuevo, no las velitas derretidas sobre la torta de cumpleaños ni la campana oxidada ni la voz descascarada.

Traicionaron mi cariño, mi confianza, la plenitud de mi fe.

Esta experiencia amarga me dejo una alerta en el alma.

Tantas veces mi balsa zozobró, tantos errores cometí y cometo porque no lo sé todo… querría ser tan sabia pero esa debilidad mía es la que me vuelve áspera y tonta, y se manifiesta como rabia .Por un tiempo tantearé con el pie, antes de dar un paso, para saber si es firme la tierra la que voy a pisar o si delante mio hay un precipicio

Eso es, en cierta forma, crecer.

Usar la sensatez y la razón en vez de la loca carrera apresurada. No obrar porque sí, siguiendo solamente los impulsos, sino pensando antes en lo que vas a hacer

Por supuesto que volverán a equivocarse, que volverán a hacerme sufrir… que muchas lágrimas rodarán por las mejillas que aún conservan la infantil redondez de las manzanas… Pero ya la sorpresa no será tan grande, ya no estare tan desprevenida, y este episodio gris hará que pueda ver más refulgente y clara la luz de los que sí merecen ser queridos, de los que sí merecen mi confianza y mi apoyo.

Fragmentos de un cuento de Poldy Bird.