Mamá, ¿a dónde va el abuelo?

Mariposas volando

Había estado lloviendo la tarde en que el abuelo cerró los ojos. Así se lo contaron, aunque ella no lo vio, ya que, al parecer, aquello no era para niños.

-Mamá ¿a dónde va el abuelo ahora? – le preguntó a su madre al atardecer.

Miró directamente a sus ojos verdes, muy abiertos, y esperó su respuesta. Mamá sabía tantas cosas…

– El abuelo se ha dormido para siempre, María –le contestó rápidamente.

– ¿y adónde vamos cuando nos dormimos para siempre, mamá?

Su madre le explicó que vamos al cielo, un lugar muy bonito dónde los pájaros cantan y hay muchos parques y columpios.

Eso le pareció bien; pero entonces volvió a preguntar:

– ¿No decían que lo íbamos a enterrar junto a la abuela?
Parece que a su madre no le gustaron tantas preguntas, porque le dijo que luego irían a ver a la tía y a los primos, y que si quería ver sus dibujos animados favoritos.
Al llegar la noche, su padre fue a darle su beso de buenas noches y vio que tenía los ojos rojos, como cuando estás en la piscina mucho rato.

Después escuchó como su padre y su madre hablaban en el comedor. Le gustaba dormirse mientras ellos se contaban sus cosas. Entonces oyó su nombre:
-Mira lo que me ha preguntado María hoy – le dijo mamá a papá.

Y entonces hablaron de adónde vamos cuando nos morimos. Ella estaba un poco confundida: (¿no era que el abuelo se había dormido?)

Papá le explicó a mamá que las religiones en todo el mundo se han creado por el miedo de las personas a la muerte. Y que explicaban adónde vamos para que estemos más tranquilos.

Al principio, mamá no parecía muy convencida, pero lo explicó tan bien que parecía que se lo había creído.

Ya no recordaba más de la conversación. Se estaba muy calentita en la cama, y su perrito suave de orejas largas tenía mucho sueño.

Cerró los ojos y entonces oyó:

– Hola, María, te estaba esperando.
Al oírlo se asustó un poco, pero entonces vio al gnomito pequeño, que la miraba tranquilo y sonriente y al que conocía de otras veces.
Vengo a contarte un cuento muy importante que los adultos saben, pero que suelen olvidar.

– “Qué bien, un cuento! – pensó contenta.

– Hace mucho, mucho tiempo, vivieron el rey sol y la reina luna en un hermoso palacio de luz y colores. Eran los encargados de contarles a niños y adultos lo que veían desde su palacio. Les contaban cómo la luz y los colores venían de un lugar lejano al que se podía ir con sólo desearlo. Este lugar era tan bello, cálido y acogedor que las personas, cuando estaban muy cansadas de su trabajo en la tierra, cerraban los ojos y se dormían durante mucho, mucho tiempo.

– ¿Se dormían para siempre? – preguntó, acordándose de las palabras de su madre..

– Bueno, podía ser para siempre, pero también podía ser sólo durante un largo tiempo – le respondió-. Sin embargo, lo importante es que veían que el lugar de luz y de colores era real. Luego, los que decidían volver a la tierra, unas veces se acordaban del bello lugar, y otras no. Por eso el rey sol y la reina luna se encargaban de recordarlo en cada lugar. Cuando el rey sol y la reina luna se hicieron muy viejecitos, se marcharon ellos también a la bella luz, y quedaron sus relatos, que lo contaban todo.

– Entonces, ¿por qué las personas lo han olvidado? – preguntó la niña extrañada?

– Bueno, se acuerdan de algunas cosas porque se lo han ido contando unos a otros. Pero lo que sí han olvidado es que no son sólo relatos que explican nuestro miedo a la muerte, sino que es algo real contado de diferentes maneras.

– Entonces mi abuelo… ¿está con el rey sol y la reina luna en el lugar de la luz y los colores? – preguntó.

– Claro que sí, querida María – le dijo con ese brillo en los ojos que tanto le gustaba-; claro que sí.

Le dio un abrazo y se marchó para contárselo a otros niños.

Parece que los mayores no podían verlo, pensó más tarde, o si lo ven, no se lo creen, porque cuando se despertó se lo contó a sus padres, y ellos le dijeron:

– Si, María, has tenido tan sólo un bonito sueño.
Sabía que no le creerían, así que se lo guardó para contárselo a su amiga Ana: ella si se daría cuenta que es verdad.
No hay que perder la fe en las creencias espirituales y mágicas que nos ayudan a pensar en un próximo encuentro con nuestros seres queridos fallecidos.

Libro: Regálame más cuentos con salud

Autor: José Carlos Bermejo

Adaptado por: Diana Cárdenas

Asesora Familiar de Duelo.

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