Desilusiones.

Montserrat 011

Ya sé. Vos me dirás al leer esto que sin creer en la gente no se puede vivir, y yo también pienso lo mismo. Que a la gente hay que otorgarle un buen puntaje “de entrada”. De uno a diez: diez. Y con el tiempo se lo confirmamos o le vamos restando de a poco… un punto hoy, otro dentro de unos meses…

Lo triste es cuando se los tenemos que restar todos de golpe, en una sola vez, como el viento huracanado de la tormenta echa por tierra los frutos que estaban endulzándose en las ramas del árbol.

La desilusión es un viento sin aviso, o quizás con pequeños avisos de los que no pudimos o no quisimos darnos cuenta.

Tal vez si hubiésemos reparado en aquel gesto o en aquella palabra a los que no le dimos importancia… tal vez, tal vez.

Pero si bien no se puede vivir sin creer en la gente, es difícil y doloroso darse la cabeza contra la pared en el momento de la decepción.

Es la expresión de asombro frente a lo incomprensible. Y los ojitos de llanto. Y un interrogante ácido dibujándose en el corazón.

Es ver el revés de la trama de un tapiz de bellísimo estampado y descubrir los nudos con que se unen los hilos, ver las imperfecciones, la tosquedad, lo burdo, el matiz desteñido de alguna tintura.

Sabías… sabíamos que la vida es eso: claroscuros, perfecta sinfonía y notas desafinadas, elixir que el tiempo avinagra y verde fruta que el tiempo embellece y endulza.

Pero nos resistimos a la doble visión.

Queremos el rayo de sol, el ramito de rocío, el pétalo nuevo, no las velitas derretidas sobre la torta de cumpleaños ni la campana oxidada ni la voz descascarada.

Traicionaron mi cariño, mi confianza, la plenitud de mi fe.

Esta experiencia amarga me dejo una alerta en el alma.

Tantas veces mi balsa zozobró, tantos errores cometí y cometo porque no lo sé todo… querría ser tan sabia pero esa debilidad mía es la que me vuelve áspera y tonta, y se manifiesta como rabia .Por un tiempo tantearé con el pie, antes de dar un paso, para saber si es firme la tierra la que voy a pisar o si delante mio hay un precipicio

Eso es, en cierta forma, crecer.

Usar la sensatez y la razón en vez de la loca carrera apresurada. No obrar porque sí, siguiendo solamente los impulsos, sino pensando antes en lo que vas a hacer

Por supuesto que volverán a equivocarse, que volverán a hacerme sufrir… que muchas lágrimas rodarán por las mejillas que aún conservan la infantil redondez de las manzanas… Pero ya la sorpresa no será tan grande, ya no estare tan desprevenida, y este episodio gris hará que pueda ver más refulgente y clara la luz de los que sí merecen ser queridos, de los que sí merecen mi confianza y mi apoyo.

Fragmentos de un cuento de Poldy Bird.

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